Robert Rodriguez sabe lo que hace. El tipo es el mismo que nos plantó un cachetazo de gore y acción demente en From Dusk Till Dawn, poco después de recibirse con honores en la escuela de los directores de bajo presupuesto con El mariachi y concretar, años después, esa gran secuela que fue Desperado, o el mejor traslado que se haya hecho de un comic, en Sin City.
Sí, claro, estimado detractor, también es aquel que nos refregó por los ojos esa saga-mamotreto que es Spy Kids, pero al fin y al cabo lo hizo con un mínimo de decencia que lo salvó del castigo eterno.
En ese contexto de algarabía freak, Planet Terror, proyecto nacido bajo la sombra de ese nuevo monstruo bautizado Grindhouse (que en algunas semanas traerá a la Argentina a Death Proof, de Quentin Tarantino) es quizás su producción más ambiciosa, a la vez que la que más parece haber disfrutado.
El film narra una historia clásica, de zombies contra el resto del mundo, o más precisamente de zombies contra un pueblo de los Estados Unidos, que es más o menos lo mismo como ya sabemos. En este caso el bando de quienes se enfrentan a los no-muertos está compuesto por un grupo de soldados (todos a puntos de pasar al otro frente) y algunos outsiders que se las arreglan como pueden.
El germen del mal surge por una extraña combinación química -humo verde incluido- que se transforma rápidamente en epidemia incontrolable, donde los hospitales se ven infestados de monstruelos, mutilados, ampollas repugnantes y sangre omnipresente.
En el medio de todo esto tenemos a una go go dancer (Rose McGowan) que pierde una pierna a la que reemplaza por una poderosa metralleta; un wild boy pistolero (Freddy Rodriguez, el latino de Six Feet Under); un militar miserable (Bruce Willis); un subalterno más miserable aún (Quentin Tarantino, que protagoniza la escena más splatter de su carrera) y una enfermera de jeringas llevar (Marley Shelton) que termina con las manos inmovilizadas.
Este universo delirante planteado por don Roberto se enmarca en un deliberado plan de rescate clase B, de referencias al cine de los 50s, 60s y 70s, con Russ Meyer, George A. Romero y hasta un poco de Sam Peckinpah a la cabeza. La línea de matinee bizarra que une al film con Death Proof se ve plasmada en las posproducidas imperfecciones de la cinta, en el color ligeramente gastado, en los zoom. En síntesis, en desprolijidades de una prolijidad religiosa.
Quizás no se lo haya propuesto, pero Rodriguez parió la mejor película de zombies de los últimos 30 años. Puede que desde Dawn of the Dead (1978), donde George A. Romero llevó al género más allá de las bases -y a los zombies al shopping- el cine no haya incursionado en semejante empresa, en tamaño trip de tripas.
Incorrección descontrolada , escenas guarras que harían sonrojar a Lucio Fulci, splatter desquiciado, contracultura militante (el ejército es más malo que los propios zombies), villanos queribles y muertos vivos dispuestos a cualquier cosa son el plato central de una película que pese al moderado recibimiento logrado en los cines de EE.UU., ya es un trabajo de culto y promete convertirse en uno de los grandes clásicos del género.
Bonus Track
-Tom Savini, rey de los efectos visuales splatter junto a George Romero, y que en From Dusk Till Dawn interpretó al inolvidable Sex Machine, aquí es víctima del despedazamiento más radical de la historia zombie.
-Una frase: "Nunca me gustó ese hijo de puta... Más inútil que el pene del Papa."
FREAK
Daniel Castelo.
Planet Terror EE.UU. / Alemania. 2007. 105´ Dirección, Guión, Fotografía, Música Robert Rodriguez. Montaje Rodriguez, Ethan Maniquis. Con Rose McGowan, Freddie Rodriguez, Bruce Willis, Josh Brolin, Michael Biehn, Naveen Andrews, Stacy Ferguson, Quentin Tarantino.
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