Podría sonar un tanto antojadizo el elaborar una relación entre esta potente producción del cine italiano, que cuenta idas, vueltas y vericuetos varios de la Camorra, y el cine de Lucrecia Martel, más exactamente el de su ópera prima, La ciénaga.
Porque este film de Matteo Garrone recorre con puntillosidad algunas características de las peligrosas organizaciones criminales de Nápoles, a través de la historia de un puñado de adolescentes que ingresan al mundo del delito a sangre y fuego, en medio de un universo de poder y muerte sin techo aparente.
Gomorra es un trabajo visualmente prolijo, y su mayor mérito es algo que debiera ser en realidad un punto de partida básico para esas ocasiones en las que el cine pretende meterse con temas como la pobreza, el crimen y otras diversas cuestiones relacionadas con la marginalidad: la forma en que está contada esta tragedia italiana contemporánea es a través de la aridez, de la aspereza.
El comentario no es gratuito, sino un necesario hijo directo de la reciente experiencia cinéfila que provocó Slumdog Millonaire, film en el que el amigo Danny Boyle estetizó la miseria hasta transformarla en un bonito paseo hollywoodense, desnudo de todo dolor y angustia, plagado de luces, brillos y espejitos de colores. Como Ciudad de Dios, pero mucho peor, con insultante happy end incluido.
Lo concreto es que este film sobre la mafia napolitana (que le valió a su autor, Roberto Saviano, amenazas varias y la necesidad de vivir con custodia permanente), en términos cinematográficos, no va mucho más allá de lo antes dicho.
Montado sobre un estilo de no-narración (¿influido por la contrariedad que significa tener seis guionistas, incluyendo a su autor original?), apenas limitándose a plantearnos escenas no del todo hilvanadas, casi inaugurando el subgénero de la sitcom mafiosa. Y esto nada tiene que ver con que el film incluya pasos de comedia cínicos o de dudoso acierto, ya que la película en sus más de dos horas de duración, hace gala de una sobriedad sórdida, espesa, sin por ello dejar de ser dinámica, sobre todo en sus secuencias de violencia.
Volvamos a Lucrecia Martel. Hace pocos días, el actor mexicano Diego Luna dijo durante una entrevista que son muchos los realizadores que quieren filmar como la realizadora de La niña santa. Probablemente no se trata del caso de Mateo Garrone, quien sin dudas aquí se vio apremiado por cuestiones dispares, surgidas de tormentas de ideas divergentes, pero lo que de ninguna manera resulta antojadizo, pero Gomorra parte de la premisa de asumir la responsabilidad de plasmar en pantalla un texto base urgente y terminal. Como aquella oscura ciénaga que Martel alguna vez retrató.
FREAK
Daniel Castelo.
Gomorra Italia. 2008. 137´ Dirección Mateo Garrone. Guión Garrone, Maurizio Braucci, Ugo Chiti, Gianni Di Gregorio, Massimo Gaudioso, Roberto Saviano. Basado en el libro de Roberto Saviano. Montaje Marco Spoletini. Fotografía Marco Onorato. Con Salvatore Abruzzese, Simone Sacchetinno, Salvatore Ruocco, Vincenzo Fabricino.

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