
The Man Who Loved Yngve. Noruega, 2008. Dir: Stian Kristiansen.
Los primeros minutos del film, con Jarle (el muchacho protagonista) escupiendo en pantalla su discurso volátil y agresivo, pueden hacernos pensar que The Man Who Loven Yngve se trata de algo similar a un prístino Trainspotting noruego.
Pero no: Las únicas drogas que consume Jarle son marihuana y anticonceptivos. Y mientras intenta recrear su fuego interno a fuerza de canciones (tiene una banda) y lazos fraternales con su amigo Helge y amorosos con su novia Katrina, encuentra en Yngve (un nuevo compañerito de cursada) algo más. Algo prohibido pero sumamente atrayente y sedante.
Yngve no tiene nada que ver con sus gustos y preferencias (musicales, deportivas, intelectuales) y así y todo... Jarle e Yngve comienzan a establecer una relación en la que el deseo aumenta conforme la performance de Jarle en tenis mejora (gracias a las clases personalizadas de Yngve).
En medio de todo esto, situaciones muy divertidas que involucran a Helgé y su reticencia a perder a su amigo y -por consiguiente- a su puesto en la banda, a Katrina y sus justificados planteos, y a una mamá que acaba de quedar desempleada y prefirió ocultar dicha noticia a su hijo por que lo encontraba perturbado.
The Man Who Loved Yngve expone -con un giro lo suficientemente impactante- la potencia de aquéllo que no sabemos bien de qué manera escribir pero que comprende obsesión, (mucho) deseo, aceptación, rechazo, crisis, perdón y aceptación.
¿Amor? Quizá.
Habría que preguntarle a Jarle, pues creemos que Yngve (interpretado por un perfecto -en todo sentido- Ole Christoffer Ertvaag) no estará en condiciones de contestarnos al final del metraje.
* * * * / Celina
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