29.12.10

Síndrome Ebola, de Herman Yau

La demencia oriental no tiene limites ni fecha de vencimiento. Si buscás entretenerte con una película que tenga sexo, sangre, muerte, mutilaciones y demás horrores por doquier, he aquí lo que estabas esperando.
Hong Kong, 1986. Un hombre tiene sexo con su amante, hasta que de pronto irrumpe el esposo en el hogar encontrando una hermosa escena de coito, tras lo que rápidamente decide castrar al pobre hombre. Claro que éste no está muy de acuerdo con el "corte", por lo que le arrebata las tijeras castradoras y comienza a cercenar al tipo, a su esposa, a un amigo que llegaba al lugar y hasta casi a su hija, si no fuese por un infortunio que le hace escapar segundos antes.
Diez años después, a la hijita que se salvó por un pelo de ser aniquilada, la vemos como una azafata que llega a Sudáfrica en un vuelo normal y se dirige a un restaurante oriental para poder comer a gusto. ¡Dichosa ella que es atendida por el asesino de sus padres y a quien reconoce por el olor a sangre! La joven intenta acusarlo a la policía, pero sin conseguir nada retorna a su país.
El asesino., llamado Har, no pierde el tiempo y acorde a sus desbordados instintos sexuales, viola a una india enferma y se contagia del ébola -enfermedad que licúa la sangre causando la muerte en cuestión de horas- aunque en este caso la enfermedad lo afecta solo como portador, siendo un peligro para la humanidad ya que las vías de contagio son cualquier líquido que salga del cuerpo (desde saliva hasta semen).
Cansado de los abusos de su jefe hacia él, decide también violar a la esposa de este, contagiándola de ébola, para luego matarla y convertirla en deliciosas hamburguesas africanas. Así, comienza a contagiarse todo el mundo: la gente come la carne y al rato sufre convulsiones, vomita y muere.
Luego, Har retorna a Honk Kong y continúa esparciendo su mal por todos lados, la policía lo busca y para ello pide ayuda a la joven que es la única capaz de reconocerlo...   
Síndrome Ebola, de 1996, es una deliciosa obra de Herman Yau, un verdadero demente del cine. Herman no tiene problema en mostrar excesos de violencia, muertes gratuitas, sexo (liviano, pero sexo al fin) y derrochar litros de sangre haciendo de ésta una película repulsiva y adorable a la vez.
El film cuenta con todos esos atractivos que lo hacen interesante, aunque no hay que desmerecer el pulso para filmar del director, que lleva adelante una historia lamentablemente no muy ajena a la realidad de las enfermedades incurables que azotan el mundo. 
No recomendable para espectadores delicados, vale la pena incursionar en esta película si se quiere ver hasta dónde son capaces de llegar nuestros queridos orientales. 

Bonus Track
-La escena de la autopsia a un cadáver es netamente exquisita; al abrirle el estomago, todos sus órganos se ven disueltos y al retirarle la piel del rostro uno puede taparse los ojos sin temor a avergonzarse ante sus amigos.
-El asesino llega a tener sexo con un trozo de carne, el cual luego cocina para un molesto cliente. 

Ygnacio Cervio.

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