9.1.11

Blood Surf, de James Hickox

Esta película parece ser una suerte (mejor dicho, una desgracia) de Anaconda, pero con mucha más onda que aquélla barrabasada de Luis Llosa. Una temática parecida; un reptil berreta, chicas pechugonas (que, al contrario de Jennifer López, pelan) y desenlace irrisorio. Todo esto hace de Blood Surf (James Hickox, 2000) un maravilloso desastre que despierta risas cuando no tiene que despertarlas y provoca espasmos cuando no debería hacerlo.
Un grupo de documentalistas viaja a la polinesia francesa con la idea de producir un film sobre la cultura surfer de los nativos. El grupo (comandado por un empresario con mucho dinero y pocas neuronas, una cameraman sexy y dos muchachos de dudosa ocupación) hace pie en una de las bonitas islas.

Mientras el documental se pone en marcha, uno de los caballeros aprovecha para pinchar con una nativa de 17 años sin saber que la pobre muchacha, poco tiempo después, realizará el clásico ritual esperable en esta clase de cintas: la nena intentará refrescarse -desnuda, por supuesto- en un plácido lago y será devorada por una especie de cocodrilo gigantesco.
El cocodrilo de marras es de una calidad maravillosamente risible: No mueve los ojos, sus articulaciones parecen no existir y lo único que hace es abrir y cerrar la boca todo el tiempo, emitiendo sonidos guturales parecidos a una heladera arrancando.
El fuerte del bicho parece ser el siguiente: Además de medir casi 20 metros, es muy veloz -cuando acelera parece el tren bala japonés- y soporta tanto agua dulce como salada, por no decir tierra firme y seca. Lógicamente, no tenemos hacia donde salir disparando, pues el monstruo nos seguirá el rastro, ya sea en alta mar o en las ruinas indígenas del centro de la isla (punto a destacar sobre el final del film). Además, es un vicioso devorador de carne humana. Los cadáveres empiezan a caer como moscas.
Como es de esperar, el chistoso reptil no sólo se morfa las cintas del grupo, sino también a los nativos protagonistas del documental. El productor, que ahora se siente más perdido que antes, apuesta a un estúpido as en la manga: Filmar la localización y caza del bicharraco por cuenta de un pescador cabrón (otra copia barata, pero ahora del Quint que Robert Shaw supo interpretar en Tiburón). El pescador intentará atrapar al monstruo en el mar, con resultados desastrosos y cuenta de cadáveres en aumento, haciendo que la parte del grupo documentalista que todavía no pasó por el intestino de Juancho vuelva nadando a la costa para intentar matarlo en un final tan o más desastroso que la película en su totalidad.
Buscar ejemplos de afano en Blood Surf puede ser un juego fácil en caso que la cinta los aburra: Hay "homenajes" a las mencionadas Anaconda, Tiburón e incluso a un genial
subproducto del clásico de Steven Spielberg: El pescador cabrón muere exactamente igual que un personaje de la magnánima L´Ultimo Scualo de Enzo Castellari, incluso con el mismo nivel de berretada.
En definitiva, una película completamente absurda, divertida por descarte, con alguna que otra escena graciosa y poco gore preciso. Mención aparte merecen las honrosas interpretaciones actorales y el ya mencionado monstruo (con escenas en miniatura incluídas). Una cinta disfrutable sólo con varios litros de alcohol encima que, sin embargo, supera a Anaconda con creces.

Bonus Tracks
-El empresario se hace el banana surfeando y el reptil se encarga de ubicarlo.
-La escena del muchacho y la nativa parece sacada de un softcore de The Film Zone.
-La isla también tiene guerrilleros (¿?) como los de The Beach, pero con más swing.
-El pescador cabrón tiene una hija que está bastante buena.

Daniel Celina.


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