No es un cliché, y tampoco es un capricho (aunque lo parezca), afirmar una vez más que los videojuegos trasladados al cine parecen no dar nunca buen resultado. Max Payne es, al igual que Resident Evil y Alone in the Dark, uno de esos casos donde no se puede comprender cómo partiendo de una buena historia original no se pudo lograr una buena película.
Justamente cuando hoy Hollywood ofrece ya como standard un altísimo nivel de efectos especiales pero carece de buenos guiones, y el videojuego original era una mezcla de ambos elementos, la triste conclusión parece indicar que el film de John Moore es intencionalmente mediocre.
Todo lo que reluce en el videogame, en el film brilla por su ausencia: en lugar de una inteligente y oscura trama, hay aquí una simplificada versión para adolescentes post-SinCity, y donde el juego ganaba en caracterización de personajes, el film pierde con pésimas actuaciones y diálogos trillados.
La historia, sólo en esencia, es la misma: Max es un oficial y detective que un mal día regresa a su casa para describir que su mujer e hija han sido asesinadas. A partir de ese entonces, con sed de venganza y armado hasta los dientes, el alguna vez aplicado policía decide ir tras quienes destrozaron su familia para imponer justicia por mano propia. Mark Whalberg interpreta a Max sin mucho entusiasmo, mientras que Beau Bridges (el hermanito de Jeff) acompaña como antagonista y traicionero enemigo.
Visualmente, hay que reconocer que el film es impecable. Pero hoy con eso no alcanza, en especial cuando era fácil narrar algo mejor. Sobre todo si ya estaba bien escrito en un principio.
FREAK
Mariano Torres.
Max Payne (ídem) EE.UU. / Canadá. 2008. 100 ´ Dirección John Moore. Guión Beau Thorne. Basado en un video game de Sam Lake. Montaje Dam Zimmerman. Fotografía Jonathan Sela. Música Marco Beltrami & Buck Sanders. Con Mark Wahlberg, Mila Kunis, Beau Bridges, Chris O´Donnell. Estudio Abandon Entertaiment.

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