23.10.08

Crítica / Quémese después de leerse, de Joel & Ethan Coen

Transcurrido el ciclón No Country For Old Men, que -al contrario de la mayoría de los ciclones- permitió una cuantiosa cosecha (de Oscars, por ejemplo) en el pool sojero de los Hermanos Coen, ahora mismo tenemos la chance de descontracturarnos respecto de dicha pieza cinematográfica con este certero cachetazo que es Burn After Reading.

Desgranemos el collar de perlas: Osbourne Cox (John Malkovich) es renunciado de su empleo en la CIA por sus supuestos excesos con la bebida. Un golpe duro de sobrellevar, sobretodo si el encargado de despedirte es David Rasche, el actor que interpretaba a Sledge "Martillo" Hammer. Cox decidirá matar el tiempo escribiendo las memorias que le quedaron luego de ser un digno lacayo del imperio, memorias que –no conviene aclarar cómo ni porqué- terminarán en manos de Linda (Frances McDormand) y Chad (Brad Pitt), dos personal-trainers que transcurren su periodicidad bebiendo jugos energéticos y discutiendo con representantes de medicina prepaga, dependiendo del caso.

Mientras tanto, el agente de seguridad Harry (George Clooney) mantiene intenso pero intermitente romance con Katie, la señora esposa de Osbourne Cox (que sigue inmerso en sus memorias) pero también coquetea con otras damas, con las que procura citarse a través de un servicio de encuentros cibernético. Cabe destacar que a Harry le gusta inventar dispositivos extraños, y que está felizmente casado con una escritora de novelas infantiles sumamente exitosa, la J.K. Rowling de Seattle o algo por el estilo.

Digamos entonces que el collar de perlas anterior, de algún modo (y como es costumbre en los siameses Coen) se rompe y se entremezcla con resultados tensos, cruentos y sumamente adorables. Lo que destaca a Burn After Reading es que los tópicos anteriores –tensión y crueldad- se encuentran cubiertos por una capa de simpatía falsamente descerebrada que tuvo su aparente y complejo cénit en Big Lebowski y se creyó completamente extinta en Intolerable Cruelty.

Quémese después de leer se trata de una de suspenso y espionaje con toques de humor. Nada más (ni nada menos). Pero esta aparente ligereza de “gente normal” (nunca peor dicho) involucrándose en romances extraños y en asuntos de la CIA y la KGB desaparece en ciertos increíbles momentos en los cuales los Coen nos recuerdan lo oscuro, doloroso y bonito que puede resultar un diálogo, un balazo, un puñetazo ó una cabeza destrozada.

Y si todo lo anterior resultara insuficiente y nuestra capacidad de comprensión se encontrara poco predispuesta al momento de visionar el film, contamos con la colaboración de dos auténticos relatores que nos despejarán todas las exquisitas dudas que los Coen adoran plantear respecto a guión y giros. Una (gran) burla respecto al enciclopedismo crítico-metódico que en su momento mereció No Country for Old Men.

El apartado actoral no merece ser destacado: Todos descollan. Malkovich ofrece toda su -preocupante- solvencia para desmpeñar roles desequilibrados. Los tics faciales de Clooney funcionan a la perfección (en este film, Clooney presenta un 79% más de tics que en From Dusk Till Dawn, quizá su otro film con más tics hasta la fecha) y su pericia para arrebatar sushis ajenos es digna de mención. Brad Pitt aporta su oficio y su peinado, un peinado que no veíamos desde la Cool World de Ralph Bakshi. De hecho, su Chad es una simpática conjunción del Jeffrey Goines de Twelve Monkeys y el Detective Harris de Cool World). Frances McDormand ofrece aquí su mejor introducción en un film (no adelantaremos por qué) y Tilda Swinton continúa tan mala como en The Beach, pero aquí su maldad tiene sentido.

Y la platea spidermaniana agradecerá -mucho- la inclusión de J.K. Simmons.

Se trata de un film que no debería dejar de ser visto, amén de gags fálicos muy burdos, como aquél que Lebowski descubría en la mansión de Ben Gazzara.

Pero si no se tienen problemas respecto a gags fálicos muy burdos, corran a verla.

Y no olviden prenderla fuego después.

Bonus Track
-La película parece realizada en 35 mm, pero en realidad está filmada con una cámara Red, el aparente último grito respecto a “dispositivos digitales de altísima fidelidad fotográfica”. Es la primera vez que Emmanuel Lubezki encara su trabajo con una cámara de este tipo, y en verdad el resultado luce bonito.

FREAK
Daniel Celina.



Quémese después de leerse (Burn After Reading) EE.UU. / Gran Bretaña / Francia. 2008. 96´ Dirección, Guión, Montaje Joel & Ethan Coen. Fotografía Emmanuel Lubezcki. Música Carter Burwell. Con George Clooney, Frances McDormand, John Malkovich, Tilda Swinton, Brad Pitt.

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