En un país no tan, tan lejano, había una vez una industria. Se trataba de una que se dedicaba al cine, también conocida como La fábrica de los sueños. Su nombre: Hollywood. Allí, hace ya mucho tiempo, un puñado de caballeros con amor al cine y, sobre todo, mucho, mucho dinero, logró construir un imperio que en muchas ocasiones fue servil al imperio que tenía por encima y que había sido ya consolidado decenas de décadas atrás.
Pero más allá de ese último punto, en aquel lugar fueron creados algunos clásicos del arte cinematográfico, que incluso llegaron a ganar el tan legitimado premio Oscar. Casablanca, The Godfather, Midnight Cowboy fueron algunos de ellos. Hoy, corriendo el año 2009, la autoproclamada Meca del Cine se alista para, muy probablemente, llevar al podio de las elegidas a este mamotreto mainstream bautizado como El curioso caso de Benjamin Button.
Porque de alguna manera hay que decir que este film de David Fincher es un conglomerado de tics y de triquiñuelas oscarizables, con base en el maquillaje de su protagonista principal, a bordo de una historia atractiva desde lo original de la propuesta pero que apenas logra sostener la seriedad que intenta sobrellevar durante casi tres horas de celuloide.
Benjamin Button (Brad Pitt) es un hombre que nació anciano y su vida transcurre "de atrás para adelante", con los achaques propios de la tercera edad durante sus primeros años de vida, transcurriendo su camino cronológico con menos problemas físicos y llegando a la cúspide de sus posibilidades físicas en lo que normalmente sería el comienzo del declive.
Con ese punto de partida, se dispara una historia de amor que atrapa por el devenir propio de los años, esos que harán que el idilio con una bailarina clásica (Cate Blanchet) se vea resquebrajado a medida que las agujas del reloj pasan y pasan por los mismos números una y otra vez. Sin embargo, en caso de pensar al susodicho drama como un relato lineal y clásico, hay poco para rescatar.
David Fincher, que alguna vez fue un director potente (Seven), de perfil intempestivo (Fight Club) y hasta con buen manejo del timing del suspenso (The Game) cae aquí en la pesadilla de la alfombra roja, se deja enamorar por las musas del lugar común hollywoodense, clásico hasta la molestia, apelando a excesos de make up para contrastar personajes que no parecen seguir la misma lógica de la continuidad cuando de la filmación se trata.
Puede entenderse que Brad Pitt parezca un muñeco de cera a la hora de verse como un joven veinteañero, pero no puede disculparse que la vejez de Blanchett haya sido manejada con tan mal tino, al igual que la de la mayoría de los personajes secundarios.
¿Que hace este film en ZonaFreak? El caso de Button es parte de la dramaturgia bizarra light, una historia a contrapelo de la lógica, de lo que debería ser. El problema es cuando se elige tratar al texto con la liviandad del pop corn, con la grasitud de las hamburguesas y con la idea cultural made in Big Mac, de que cuanto más grandilocuente mejor, cuanto más sobre, menos se van a notar los errores y las ausenicas.
FREAK
Daniel Castelo.
El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button) EE.UU. 2008. 166´ Dirección David Fincher. Guión Eric Roth. Basado en un relato de F. Scott Fitzgerald. Montaje Kirk Baxter & Angus Wall. Fotografía Claudio Miranda. Música Alexandre Desplat. Con Brad Pitt, Cate Blanchett, Julia Ormond, Jason Flemyng, Joeanna Sayler.
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