El hombre escucha el rugir de las masas, los sonidos de los instrumentos de viento que anuncian la entrada al ring. Camina por el pasillo que lo conduce a un enfrentamiento de final con intriga. Luces, músculos, adrenalina. Pero Randy "The Ram" Robinson no está a punto de salir al cuadrilátero, apenas se prepara para su primer día como despachante de carne en un mercado de segunda.
Ya en tiempos de Corazón satánico y Rumble FIsh demostraba ser un catcher del Actor`s Studio, un caballero medieval urbano, un suicida de si mismo sin ring ni cuerdas ni árbitro que parara sus caidas al vacío. Quizás por eso, aquí, en El luchador, Mickey Rourke, el hombre más desfigurado de la escena de Hollywood, encarna a un peleador de lucha libre caído en desgracia, más precisamente a un guerrero con problemas de salud que le impiden volver al cruzarse con sus fornidos colegas.
Lo antedicho es el punto de partida y único nudo dramático de un film que con esa mínima base logra sostenerse durante casi dos horas en un irreprochable e impactante nivel fílmico.
Claro que hablamos de un nuevo trabajo de Darren Aronofsky, caballero andante del cine sin concesiones, hombre de armas cinematográficas llevar, de golpe corto y definición por knock out.
El luchador es una de esas cada vez más infrecuentes muestras de cine de trinchera, de trabajo áspero y concreto desde sus ideas, sus planteos y sus formalidades.
Aronofsky, al igual que en su mejor título hasta la fecha, Requiem for a Dream, nos plantea a su personaje central sin medias tintas: un tipo duro, curtido, a la vez que destruído por dentro y por fuera, sin horizonte claro, sólo con su sed de venganza a cuestas. Venganza contra su mala suerte, contra el olvido, contra errores sobre los que ya no puede volver atrás, algunos de los cuales involucran una hija a la que no ve desde hace años y un público que lo recuerda apenas como la decoración de un pasado kitsch.
En ese marco, el film nos plantea el camino por el purgatorio que su protagonista ¿elige? transitar, alternando la ruta empedrada con pozos sin fondo y dolores eternos sin analgésico a mano. Quizás por eso es fácil la comparación ociosa y casi inevitable entre el derrotero de "The Ram" y nuestro querido Mickey. Su rostro -el real-, desfigurado por el azar de las penas sin alma, le cae con una justeza pasmosa a su personaje, a la vez carcomido por los golpes, las puestas de espalda y la sangría espiritual.
Cuestiones de morbo aparte, The Wrestler se planta con pie de hierro y establece algo que el séptimo arte ofrece de a cuentagotas entre tantos Benjamin Buttons y slumdogs millonarios. Y hay que aprovecharlo.
FREAK
Daniel Castelo.
El luchador (The Wrestler) EE.UU. / Francia. 2008. 115´ Dirección Darren Aronofsky. Guión SRobert D. Siegel. Montaje Andrew Weisblum. Fotografía Maryse Alberti. Música Clint Mansell. Con Mickey Rourke, Marisa Tomei, Mark Margolis, Todd Barry.

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