5.3.09

Crítica / Watchmen, de Zack Snyder

Cuando Watchmen vio la luz de la mano del autor de culto Alan Moore y su co-creador y dibujante, Dave Gibbons, se desató lo más parecido a una "revolución" en el mundo del noveno arte. Lo que impactaba no era de por sí la temática de la trama, sino el cómo ésta tomaba caminos que la alejaban cada vez más de la historia de superhéroes convencional, y la acercaba a momentos dignos de una tragedia griega.

Pero sí, es cierto que prácticamente todos los grandes cómics parten o van hacia ese punto: está el superhombre casi deidad que aún así tiene una sola debilidad tangible, aquel otro que decide abordar el denominado "camino del héroe" para descubrir que "con gran poder también viene gran responsabilidad", y el que tambalea constantemente entre traumas y heridas jamás cicatrizadas, combatiendo y generando el crimen a la vez como fruto de una interminable paradoja.

¿Qué diferencia a Watchmen de las demás "tragedias griegas" de historietas? Simple: al profundizar en el desarrollo psicológico de todos sus protagonistas y esbozar teorías del caos, el orden, la paz y la guerra así como la condición humana de por sí, esta historia de vigilantes parece más cerca de la literatura que de la novela gráfica. Tanto así que en su momento recibió inclusive el premio Hugo a la Ciencia Ficción, donde hasta entonces sólo competían piezas literarias (uno de los dos puntos clave de reconocimiento en la historieta, siendo el otro el Pulitzer que obtuvo Art Spiegelman por su desgarrador Mäus). No por nada se ha dicho, salvando las distancias, que Watchmen es algo así como "el Hamlet de las historietas", y ya se profundizará al respecto en los siguientes párrafos.

Superhéroes posmo
Lo irónico de esta obra de Moore es que su encanto reside justamente en el desencanto con el cual tiñe a sus personajes, en la desesperanza y la crueldad y lo práctico de una solución única que atenta contra las convenciones morales comunes pero, de manera tan simplista como certera, parece reivindicar eso de que "el fin justifica los medios".

Los "superhéroes" no son tales, son hombres que nacen, mueren y entre estos dos puntos sangran, hieren, lloran y, muy esporádicamente, son felices. Todos ellos están tristemente ligados a la condición humana que apenas los separa del resto de los mortales por sus elecciones indumentarias e identidades parcialmente ocultas. Todos, a excepción de uno, el Superman perfeccionado -pues no hay criptonita que valga contra su poder-, que aún así dista de ser un superhéroe porque, de hecho, no es siquiera ya un ser humano. Se completa así la primera paradoja: tanto tiene este ser, que no tiene nada y es perfectamente consciente de ello.

La historia comienza cuando una noche ocurre el inevitable asesinato de uno de los "vigilantes" del título. Esa misma noche, algo comienza a oler mal en el aire cada vez más espeso de esa New York alternativa situada en 1985: lejos de ser un asesinato político, uno de los retirados "héroes" sospecha que "alguien está cazando enmascarados". Su nombre es Rorschach y su identidad se esconde tras una máscara que cambia sus manchas al ritmo de la mentalidad de un sociópata, aludiendo, naturalmente, a las figuras psicológicas a las cuales su nombre de fantasía remite.

A partir de ese momento, el paranoico y resentido social comienza a escribir un diario que será a la vez el principal hilo conductor de la narración a lo largo de toda la historia. Poco a poco, comienzan a reflotar los recuerdos, al tiempo que el resto de sus colegas y ex-amigos dudan de si aceptar "su destino" de héroes o plantearse el hecho de que quizás acaso no exista destino alguno -o sea inalterable. A todo esto, el único superhombre que ha dejado de ser justamente esto último de la conjunción de palabras, parece más alejado que nunca del mundo, convencido de que de nada sirve vengar una muerte si, al fin y al cabo, "un cuerpo vivo y uno muerto contienen la misma cantidad de átomos". Este hombre, si bien no es omnisciente, sabe de su pasado tanto como de su presente y futuro. Y sabe, por su condición de inmortal, que el tiempo jamás se detiene.

La película
A través de una estructura de personajes múltiples que en apariencia -pero sólo en apariencia- remitiría a paladines como los X-Men o los 4 Fantásticos, Watchmen vifurca sus caminos a lo largo de doce tomos que analizan los conflictos de sus personajes y conllevan a uno en común, tan grande e inabarcable que ni ellos ni nadie pueden cambiar. Algunos lo aceptan, otros le temen, y otros se niegan a creerlo posible. Previamente, a medida que se va entretejiendo la trama, de la mano de Rorschach viene la ambiguedad moral, de la mano del Comediante viene la aberración y el desprecio casi absoluto por la vida misma, y a través del Dr. Manhattan aparece la física cuántica y las reflexiones que, aunque no provienen de alguien "humano", siguen sonando tristes y nihilistas.

Es por eso y por otras características más propias de las viñetas que de los fotogramas, que se dijo durante mucho tiempo que Watchmen "es imposible de filmar". Lo supo Terry Gilliam, el otrora realizador de esa obra maestra de la ciencia ficción que es Brazil, cuando se reunió reiteradas veces con Alan Moore, quien lo terminó convenciendo, y quizás lo pensó así también Paul Greengrass, cuando su proyecto de adaptar Watchmen a los tiempos que corren se vieron frustrados por el aparato de Hollywood y sus complicaciones de producción.

El que decidió patear el tablero y apostar a lo imposible fue Zack Snyder, un realizador interesante que partió de una excelente remake (la actualizada Dawn of the Dead) y pergenió luego un film tan sobrevalorado como peligroso en sus dobles lecturas, llamado 300 (su único antecedente a la hora de adaptar una historieta). Este desafiante realizador, con poco curriculum pero sin dudas muchas ideas y entusiasmo, tomó la novela gráfica de Moore y prometió fidelidad y respeto. Cumplió. Pero no es eso algo necesariamente bueno, o al menos no para todos.

No para todos
Si partimos de la base de que una pelicula raramente es multitarget (siendo la última excepción la majestuosa Titanic), Watchmen es un film perfecto que simplemente deja afuera a demasiada gente: todos aquellos que no leyeron el comic. Para ejemplificar con otras películas de un realizador independiente que ha adquirido notoriedad gracias a su última obra junto al resucitado Mickey Rourke, podría decirse que El Luchador es un producto artístico que puede ser disfrutado por casi todo tipo de público, mientras que su ópera prima, Pi (3,14) es un film rebuscado y tan enigmático como la cifra infinita que le da título, que inexorablemente deja de lado a gran parte de la audiencia promedio. Y, sin embargo, ambas son obras maestras.

Si juzgamos al cine como arte masivo (que también ha dejado de serlo por cuestiones socioeconómicas que cada vez más le guardan un lugar de elite) y encuadramos este film dentro de esa concepción del mismo, Watchmen falla en sobreexplicar situaciones y personajes que tienen sentido en el comic pero carecen de importancia en la pantalla grande, y en olvidar líneas de diálogo de vital importancia para el desarrollo de sus personajes. La estructura del guión es compleja, al borde de lo casi imposible para el público virgen del texto de Moore, y los detalles que hacen la diferencia en la novela gráfica a menudo se pierden en la interpretación cinematográfica.

Los personajes
Hay cambios, y aunque no son demasiados, algunos de ellos resultan sí esenciales: el Dr. Manhattan no es tan atractivo en el film (un mal casting para su omnisciente voz puede ser el culpable) y a causa de ello uno no logra como espectador sentir amor por el personaje, que contagia una indiferencia que en el comic en su lugar transmitía tristeza, y Rorschach, a pesar de ser el más perfecto e interesante de todos los personajes, pierde un pequeño pero importante detalle psicológico a través de un flashback mal resuelto que en el film denota sadismo mientras que en la historieta plantea ambiguedades éticas.

Hay casos extraordinariamente curiosos, que favorecen al guión de David Hayter y Alex Tse: el personaje de El Comediante se enriquece tan sólo en la mirada de Jeffrey Dean Morgan, quien aporta fatalidad y a la vez humanismo a su sádico vigilante, agregando una nota de tristeza imperceptible en el libro: tras cometer un brutal asesinato, le recrimina al Dr. Manhattan que "pudo haberlo detenido y no hizo nada", pero lo hace con un tono más cercano al llanto que a la ira y parece indicar que éste incomprendido social simplemente está pidiendo a gritos "que alguien lo detenga".

Adrian Veidt/Ozymandias, el hombre "más inteligente del mundo", gana profundidad gracias a la correcta interpretación de Mathew Goode y un flashback donde revela, entre frustración y enojo, su enorme preocupación por la humanidad y el "bien" en detrimento del "mal", que da lugar a su posterior conclusión nefasta que escapa a lo humano y quizás, sólo por eso, resulta sabia.

El manejo del tiempo a través de flashbacks e idas y venidas es correcto, y lo que preocupaba a los más acérrimos fans de la obra original se resuelve con una solvencia increíble y digna de ser admirada: el Dr. Manhattan, voz en off mediante, desde su escondite en Marte, acelera y desacelera sus recuerdos explicando su propia historia en una secuencia antológica y por demás lograda.

Puede criticársele a Snyder y con justa razón el uso y abuso de ciertas cámaras lentas que, de todos modos, no resultan tan tediosas como se prejuzgaba. Muchas de ellas, de hecho, transmiten una poesía visual muy loable y justificada.

Así, con pocos tropiezos -muchos de ellos sin mayor importancia-, se llega a la conclusión del film que, se sabía de antemano, difiere de la original. Sin revelar demasiados datos, se puede decir que Hayter y Tse demuestran ser hábiles guionistas y respetuosos lectores del comic, y optan por cambiar apenas en detalles superficiales la resolución de la obra, entregando la misma idea final pero con distinto packaging. ¿Resulta esto criticable? Sí, pero también es comprensible al mismo tiempo.

(mega) Bonus Track
El sitio web Ain´t It Cool * lo explica a la perfección, aunque toma partida al atacar la película como una decepción inevitable, y acerca del cambio del final por uno más "cinematográfico", reflexiona: "Imaginen el final de Hamlet, adaptado por Zack Snyder. Hasta un punto, es excelente, y todo lo que usted lector imaginó se ve plasmado a la perfección. [...] Luego llega el final, y es diferente. Gertrudis no bebe de la copa envenenada, sino que en su lugar accidentalmente es herida por la espada de Hamlet que en su punta esconde veneno. Hamlet, enfurecido, atraviesa con su espada a Laertes, y luego arremete contra el rey, matándolo también. A continuación, Hamlet, desmoralizado por lo que acaba de ocurrir, cae de rodillas y y hunde su propia espada en su vientre. Horacio quiebra en llanto y grita "Hamlet... NOOOOO!!" pero es ya demasiado tarde. Hamlet está muerto. Horacio da un discurso y Fortinbrás nunca aparece porque, afrontémoslo, resulta demasiado conveniente, y la audiencia de hoy en día no compraría eso en la pantalla grande. Técnicamente, el final es el mismo: los que tienen que morir mueren, los que tienen que vivir, mueren. Pero ese no es el final que se supone Hamlet debe tener".

Se podría decir entonces que el mayor pecado de Snyder es el mismo que cometen casi todos los directores al adaptar ya sea un libro o una historieta: resulta demasiado fiel por momentos, y por otros, para no dejar de serlo cuando es imposible, encuentra un atajo para llegar al mismo final del camino.

El resultado, de esta manera, no se decide entre la libre interpretación y la fidelidad absoluta, dando por momentos una sensación de vacío que puede fastidiar principalmente a aquellos que apostaban por alguno de los dos extremos, y ni hablar de a aquellos que no conocen la obra como para juzgar ninguno de los dos mencionados.

Volviendo entonces a la interrogante mil veces planteada y que aún retumba por igual entre pesimistas y optimistas: ¿es Watchmen inadaptable? La respuesta es sí. Pero la interpretación de Zack Snyder es lo más cercano a una adaptación correcta y respetuosa que se puede esperar, y sólo por eso y por el contexto de la omnipresente obra de Alan Moore, resulta fascinante y merece un aplauso.

FREAK
Mariano Torres.

Watchmen -Los vigiladores- (Watchmen) EE.UU. / Gran Bretaña / Canadá. 2009. 163´ Dirección Zack Snyder. Guión David Hayter & Alex Tse. Montaje William Hoy. Fotografía Larry Fong. Música Tyler Bates. Con Carla Gugino, Billy Crudup, Malin Akerman, Jackie Earle Haley, Matthew Goide, PAtrick Wilson, Jeffrey Dean Morgan.
 

 

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...