No era fácil estar a la altura de las expectativas. Casi un cuarto de siglo después de que Esperando la carroza naciera como ícono de la comedia argentina e iniciara el camino hacia la leyenda en fílmico que hoy es, llega a los cines una segunda parte que, con buena voluntad y algo de piedad en el uso del sentido crítico, puede calificarse como poco menos que paupérrima.
Porque la película que nació con el fin de continuar el trabajo hecho por Alejandro Doria en la década del 80, apenas alcanza a esbozar una mueca de lo que fue aquella, dejando como único resultado concreto el deseo de que las cosas pudieran haber sido de otra manera.
El texto sobre el que se apoya Esperando la carroza 2 es de lo más pobre que hemos visto en estas tierras. Es una pena que Jacobo Langsner ni siquiera haya atendido el hecho de que tenía ante si la responsabilidad de continuar un film clásico, basado a su vez en una obra teatral de su propia firma que, si bien llega al mismo estatus, está cómodamente entre lo más lúcido de la comedia costumbrista argentina.
¿La excusa de esta anoréxica continuación? Antonio y Nora (Luis Brandoni y Betiana Blum, esta última la única que sostiene la línea y el perfil de su personaje pese al paso del tiempo) cumplen un nuevo aniversario de casados, motivo por el cual organizan una fastuosa fiesta en su mansión. Además de funcionarios, legisladores, empresarios y gente de la farándula (todos personajes que nunca vemos en pantalla) han invitado casi por obligación a los hermanos de Antono, los Musicardi.
Así es que defilan por el caserón Sergio (Juan Manuel Tenuta), su hija Matilde (Andrea Tenuta) y su nieta Martita (Lola Fernández), Susana (Mónica Villa) y su marido (Roberto Carnaghi, en reemplazo del fallecido Julio de Grazia), entre otros.
Las ausencias notorias son las de la gran China Zorrilla como la esposa de Sergio, justificada con un "no vino a la fiesta", a lo que se suma un faltazo que -si bien ampliamente anunciado-, por tan explícitamente ignorado en pantalla se hace más notorio: Mamá Cora, la creación de Antonio Gasalla que, aunque no fuera lo mejor de la primera parte, sí era una pieza sustancial.
Ausentes al margen, la película falla más por lo que se hace presente que por lo que no. Los casi 90 minutos de fílmico dejan la sensación de que había mucho rodado y se recortó a los tumbos, dejando errores de continuidad que se explicitan en el vestuario y la entrada o salida de personajes en las escena.
Por otro lado, y quizás lo más imperdonable, es la manera en que se cruzó la débil línea que separa al grotesco del humor berreta, del chiste de bodegón. Si la cotidianeidad decadente en la primera parte se subrayaba con griteríos y modos gruesos pero certeros, aquí se apeló a la puteada reiterada, al culo-teta-mierda que provoca risa entre un público cuasi fronterizo, proclive a esa carcajada que es acompañada en ocasiones por un pedazo de pochoclo, un par de centímetros cúbicos de saliva, o un codazo en el compañero de fila.
"¡Tengo diarrea! (...) ¡Me estoy cagando!", grita Jorge Musicardi a pocos segundos de comenzar el film, como para que quede claro el despropósito que lo prosigue.
Bonus Track
-Las malas lenguas dicen que Jacobo Langsner tiene listo el texto para una tercera parte, que se llamaría "Seguimos esperando la carroza". Ay.
FREAK
Daniel Castelo.
@castelopio
Esperando la carroza 2: Se acabó la fiesta Argentina. 2009. 88´ Dirección Gabriel Condrón. Guión Jacobo Langsner. Montaje Pablo Barbieri. Fotografía Carlos Torlaschi. Música Pablo Sala. Con Betiana Blum, Luis Brandoni, Juan Manuel Tenuta, Andrea Tenuta, Mónica Villa, Roberto Carnaghi, Facundo Espinoza.

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