Australia, 1978. 82´Dir:Richard Franklin. Con Susan Penhaligon y Robert Thompson.Partiendo de una premisa que -giros más, giros menos- ya pudimos adorar en Carrie, el señor Richard Franklin (confeso admirador de Hitchcock, igual que DePalma) esperó algunos años -dos para ser precisos- luego de la irrupción en las pantallas de la auténtica FemmeFatale de Brian DePalma y parió Patrick para alegría de la masa australiana y disgusto de un par de críticos que se lo meriendan -sin piedad- en el documental Not Quite Hollywood, comentado un par de entradas más abajo.
¿Puede un paciente sumido en el más profundo de los coma-cuatros enamorarse y ejecutar escenitas de celos dignas de un completo imbécil a través de ese bellísimo arte oscuro que es la telekinesis? La respuesta es sí, al menos en Patrick.
Este muchacho transcurre sus días comatosos en una clínica psiquiátrica bastante extraña pero no por eso menos agradable, sobre todo cuando el cuerpo médico se engrosa con la incorporación de la señorita Jacquard (Kathy para los amigos), una enfermera de tranquilo accionar que no tendrá inconvenientes en velar por la salud y tranquilidad de Patrick, que se la pasa escupiendo a cada rato porque escupir es una “reacción refleja involuntaria” aparentemente muy común en los comatosos según nos cuenta el Dr. Wright, un Menghele disfrazado de psiquiatra estricto que goza como un marrano insertando agujas en la rudimentaria médula espinal de una rana que no puede defenderse y que, de ser quince veces más grande, se lo devoraría cual insecto que es.
Patrick observa a Kathy a través de sus ojos abiertos a perpetuidad y se enamora perdidamente de ella, demostrándolo a través de erecciones y escupitajos. También puede oírla, y comienza a caer en cuenta de situaciones comunes de Kathy y su actualidad que no terminan de agradarle del todo: Un novio con el cual está atravesando una situación difícil, un doctor galán que pretende cortejarla invitándola a nadar en su pileta de natación, etc.
Entonces Patrick comenzará a vengarse -de ella, de ellos, de Australia, del mundo en general- provocando ahogos, calambres, quemaduras, ingestas involuntarias de batracios (auténticos), electrocuciones y otras simpáticas acciones por el estilo, siempre a distancia, desde la impunidad su lecho y sin siquiera pestañear.
Kathy, contra todos los pronósticos, saca a relucir su costado humanitario/hipocrático y se olvida de los estúpidos celos de Patrick centrándose en lo realmente milagroso (científicamente hablando, valga la contradicción): El muchacho comatoso está plenamente consciente de absolutamente todo y -además- resulta ser un As de la Telekinesis y un auténtico cabrón.
Patrick, claro está, hará caso omiso de semejante acto de confianza de Kathy poniéndola (en sentido figurado) entre la espada y la pared en más de una situación hasta el intenso final, que no se ahorra un impresionante y exagerado sobre-salto (en sentido estrictamente literal).
Poniéndonos serios durante un párrafo, y en el marco de una apreciación personal, este film no sólo resulta (muy) efectivo si no que además cuenta con una artesanía de ejecución lo suficientemente seria como para sumirnos en su clima y hacernos creer absolutamente todo lo que vemos y escuchamos. Inspira la misma clase de respeto e inocultable temor que podría inspirar -uno quiere suponer- permanecer una noche entera acompañados por un paciente en estado de coma (que por alguna razón mantiene sus ojos abiertos) y un monitor cardíaco (que nos indica que el pulso del muchacho no es 100% errático como debería corresponder a su condición).
Patrick es un claro ejemplo de lo que Pedro Almodóvar hubiera hecho con Hable con Ella de haberla realizado durante su etapa freak de destape-madrileño-ochentoso, cuando descollaba con Trailer para Amantes de lo Prohibido y demás barbaridades.
Mención de honor para Robert Thompson (el actor que personifica a Patrick), que soportó una luz estroboscópica a 15cm. de su rostro con los ojos perfectamente abiertos, acción imposible de imitar por este servidor, ni en TV (hace mucho tiempo) ni en una sala cinematográfica (durante el festival que nos concierne).
Un año después de su estreno, Patrick puso de cabeza Avoriaz.
Veintiocho años después, pudimos verla en fílmico en Mar del Plata.
Todo un éxito tardío.
Bonus Track:
- En el film se habla de Psicoquinesia y no precisamente de Telekinesis, pero se trata de la misma maravilla: Capacidad de utilizar un intenso impulso cerebral decodificado -enojo, excitación- y transpolarlo en energía útil para mover floreros y partírselos en la cabeza a la persona que nos molesta y nos lastima mucho. Pueden ser floreros ó cuchillos también.
- La rana ingerida por el Dr. Wright era auténtica, y aquí no tuvieron el decoro de freírla previamente, como se estila(ba) en "nuestras" cantinas de La Boca ó algo así.
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Daniel Celina
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